Terapia de Pareja

La Terapia de Parejas merece una presentación especial dentro de las terapias sistémicas, ya que aborda la relación humana más sensible a las distorsiones y una de las mayores causas del sufrimiento emocional. La pareja es, desde un punto de vista macro-sistémico, un subsistema nuclear dentro del tejido social, ya que en ella se sustenta la institución familiar; por otra parte, la vida en pareja constituye un profundo camino de auto-conocimiento personal, en el cual cada persona se completa como hombre o como mujer, en la intimidad de una relación exclusiva que le permitirá (o no) el crecimiento espiritual. Esto exige una doble atención tanto de las pautas de comunicación como de la calidad de la íntima experiencia amorosa.

Como todo lo viviente, la relación de pareja se regula en ritmos de unión-separación, que proporcionan vitalidad a la relación y permiten la alternancia entre el contacto de cada uno consigo mismo y un cada vez renovado encuentro con el otro. La aceptación de estos ritmos y la entrega confiada a sus oleajes son una característica de las parejas felices. Cuando la relación no es segura, cuando de alguna manera uno de los miembros no confía en ella, la fase separada es vivida con ansiedad, de manera similar a la ansiedad de separación que experimenta un lactante al perder de vista a su madre, tanto más aguda cuanto menos seguro es el apego establecido entre los amantes. Es cuando se instalan, en una relación que nació para ser placentera y productiva, la compulsión, los celos, la desconfianza, la persecución, la agresión, el odio, la violencia, las acusaciones mutuas… todo eso que convierte la comunicación en un diálogo de sordos, en una guerra íntima, producto del miedo y no del amor.

 

La pareja tarda un tiempo en sincronizar estos momentos de expansión y contracción de su energía amorosa, ya que cada miembro es en sí mismo una unidad energética con su propio ritmo y su propio sello en relación con el mundo.

 

La Terapia de Pareja busca restablecer el equilibrio y la armonía (reciprocidad) en los ritmos de este movimiento hasta que cada miembro como individuo consigue sentirse seguro, confiar más y entregarse por fin al flujo del amor.